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Wendy Kopp. El sentido de urgencia de TEACH FOR AMERICA



Wendy Kopp tenía 22 años cuando emprendió la aventura de crear TEACH FOR AMERICA. No esperó a que las circunstancias estuvieran a su favor. Entendió que salvar la brecha de la desigualdad educativa era una causa urgente. Su experiencia en la universidad de Princeton fue determinante. Wendy veía a los reclutadores de Wall Street rondando por el campus buscando nuevos graduados para incorporarlos al seductor mundo de las finanzas. Este hecho llamó su atención y se preguntó: ¿qué pasaría si los mejores estudiantes recién salidos de la universidad —los más valorados por los headhunters— decidieran trabajar en los colegios donde los desequilibrios sociales y económicos fueran más profundos, al menos durante dos años?


Wendy creía que, entre todos los jóvenes líderes de su generación, entre los mejor preparados, había muchos dispuestos a cambiar el mundo a través de la enseñanza, renunciando incluso a otras oportunidades considerablemente mejor pagadas. Pero ¿cómo sería esto posible…?


Su tesis de grado fue la respuesta. Desde el año 1990, cerca de 60.000 jóvenes líderes de TEACH FOR AMÉRICA han impactado en millones de estudiantes norteamericanos. Y el 84% de esos líderes continúa hoy trabajando en el mundo de la educación o en ámbitos que afectan a las comunidades en las que viven los estudiantes y sus familias.


El camino fue difícil. La flamante egresada de Princeton se instaló en Nueva York, en una casa alquilada junto con otras chicas que no conocía. Y allí, desde una habitación pequeña y cutre, rodeada de bolsas de basura en las que guardaba la ropa, Wendy enviaba docenas de cartas reclamando el apoyo necesario para su causa. Unos desconfiaban de su idea, otros la ridiculizaban. Un día se reunió con el jefe de recursos humanos del Distrito Unificado de los Ángeles. Este examinó la lista de los 100 centros que Wendy pensaba incorporar durante el primer año y se echó a reír. Literalmente dijo: “Te diré algo, si consigues reclutar 500 personas para trabajar en estas escuelas, las contrataré a las 500”. La gente no podía creer que los mejores estudiantes, los mejor calificados, en lugar de disfrutar de un prometedor empleo en una gran empresa, quisieran dedicarse a la enseñanza en los barrios más deprimidos.


Sin embargo, ella no sucumbió al escepticismo. Su convicción era tan contagiosa que, después de cuatro meses de arduo trabajo, consiguió que 2.500 personas se inscribieran en su programa. Los medios de comunicación se hicieron eco de su iniciativa y poco a poco fue llegando la financiación necesaria.


A lo largo de estos treinta años Wendy Kopp puede contar cientos de historias de éxito, por ejemplo, el caso de Nueva Orleans, uno de los primeros lugares que atendió TEACH FOR AMERICA, y que hoy posee un índice de graduación en la escuela secundaría por encima de la media nacional. Un resultado que, en buena medida, se explica gracias al cuarenta por ciento de directores de colegio exalumnos de TEACH FOR AMERICA y al papel del comisionado estatal de educación también exalumno de TEACH FOR AMERICA. O el caso del reciente estudio de la organización Mathematica demostrando que, precisamente, los profesores de matemáticas de TEACH FOR AMERICA son más efectivos con sus alumnos que los profesores formados para esta misma materia en las escuelas de educación.


En opinión de Wendy Kopp, en todo el mundo se da la misma situación: con pocas excepciones, los antecedentes socio económicos condicionan los resultados educativos y, por consiguiente, el futuro de las personas. La clave para romper este bucle fatal tiene que ver con la educación. Cualquier joven graduado que decida entregar dos años de su vida en TEACH FOR AMERICA verá que el problema es enorme y es sistémico; que no se soluciona únicamente enseñando en clase y que tiene múltiples variables por resolver: las políticas educativas, el enfoque de los programas docentes, el diseño de los colegios y de las aulas, y muy especialmente las dificultades extremas que padecen millones de familias en todo el mundo.


Para ello, es imprescindible un gran número de personas comprometidas. Y aquí entra en juego el papel fundamental del liderazgo en el aula, con los profesores y el equipo directivo, y por supuesto el liderazgo de un nuevo sistema educativo conectado con las aspiraciones y necesidades del conjunto de la población. Se trata de un cambio desde los barrios y las comunidades concretas; desde la responsabilidad de la gente que conoce de primera mano el contexto de la situación. Y, si bien las causas genéricas del problema educativo son semejantes, también lo son las soluciones. En un mundo interconectado, ante la pregunta: “¿qué podemos hacer para cambiar las cosas?” siempre encontraremos una solución compartida y replicable fruto de una colaboración genuina e incondicional.


Sobre estas ideas trata el actual desafío de Wendy Kopp, de TEACH FOR AMERICA y de TEACH FOR ALL, (una organización creada hace 10 años con el propósito de apoyar una amplia red de 49 organizaciones independientes alrededor del mundo). Un desafío que, igual que hace 30 años, necesita de una generación de líderes que trabajen, no solo a través de un compromiso inicial de dos años, sino a lo largo de toda una vida. No es una utopía, gracias al liderazgo de una mujer como Wendy Kopp muchos jóvenes sobradamente preparados han asumido la causa por la igualdad de oportunidades y la defensa de la justicia y la equidad en el mundo.

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