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Madre Élvira: una mujer libre, sin muros, sin barreras

Actualizado: 24 de oct de 2018



Aquella niña italiana hija de gente pobre, como a ella le gusta decir de sí misma; aquella niña criada en la posguerra, hija de un padre alcohólico, es hoy la madre de miles de jóvenes, y no tan jóvenes, hombres y mujeres, liberados de la esclavitud de las adicciones y devueltos a la VIDA.


Rita Agnese Petrozzi, más conocida como Madre Elvira o la hermana de los drogados es la iniciadora de la Comunidad Cenacolo una respuesta de la ternura de Dios al grito de desesperación de muchos jóvenes perdidos, engañados y desilusionados, que buscan la alegría de vivir, el verdadero sentido de la existencia en las falsas luces del mundo. Una obra con 63 casas o fraternidades a lo largo de 18 países en Europa, África, Iberoamérica y Norteamerica.


Jóvenes náufragos en el océano de su existencia, corazones rotos en pedazos, mendigos desorientados; muertos vivientes. Así es como muchos llegan en riadas al Cenacolo, para ser curados de sus heridas abiertas y de tanto dolor insoportable. Sus rostros están desfigurados; ya no saben ni quienes son ni a qué están llamados. Durante meses, con esfuerzo, reconstruirán su vida. Otros jóvenes estarán a su lado, son voluntarios renacidos en la Comunidad; los ángeles de la guarda que día y noche velarán su dolor.


Hace pocos días, unos amigos nos contaron que su hijo entraba en el Cenacolo, entonces recordé nuestra visita a una de sus comunidades. Han pasado ya casi 10 años. La Madre Elvira andaba por allí, sin embargo apenas supe quien era. Solo guardo la imagen de una monja veloz que circulaba por la casa con una energía impropia de su edad. Nunca olvidaré a un chaval de unos treinta años puesto en pie en el centro del salón mientras abría para nosotros el libro de su vida. Sus palabras han volado de mi memoria, pero no la imagen serena y firme de un hombre libre.


Los jóvenes que cruzan el umbral del Cenacolo llegan para ser rescatados de la garras de la mentira y de la esclavitud del miedo. De la mentira del yo controlo y de la locura por el dominio de la vida; del miedo al vacío y a la desesperanza. Después de un tiempo experimentarán el auténtico amor; el gratuito, el que no pide nada a cambio. Un AMOR capaz de cicatrizar las heridas, fortalecer el ánimo y devolver la confianza perdida.


Nuestra cultura vive sometida por el espejismo de una falsa libertad. Vivimos una fantasía cuando nos empeñamos en romper únicamente las limitaciones externas. La libertad es más profunda, va más allá de las circunstancias que nos rodean; además siempre surgen otras nuevas. El combate más poderoso —el de mayor impacto— se libra en el interior de la persona, ese lugar sagrado oprimido por los muros que cercan el alma: el egoísmo y el miedo; nuestras verdaderas amenazas y esclavitudes. Por eso el AMOR nos hace libres, porque los derriba, porque nos libera. Es el caso de la Madre Elvira, una mujer sin barreras, abierta, vulnerable. El AMOR de Dios la sedujo para reconstruir la belleza del corazón humano convirtiéndola en mensajera de una esperanza viva, de una misericordia siempre presente.

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