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Las personas no son piezas de un engranaje



El otro día leí en un grupo de debate de Linkedin un comentario que utilizaba la analogía de una maquina para describir una empresa, y a continuación establecía una semejanza entre las personas y las piezas de esa maquina. Inmediatamente recordé a Ken Robinson: “Las organizaciones no son mecanismos ni las personas son piezas. Las personas tienen valores y sentimientos, percepciones, opiniones, motivaciones y una historia propia; los dientes y los piñones, no”


Las personas tienen inteligencia, corazón y coraje; tres grandes cualidades —entre otras— que definen al ser humano. Inteligencia, para predecir los resultados más eficientes. Pasión, para favorecer la eliminación de barreras entre mi propósito y yo mismo. Tolerancia a la frustración, para asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerme a ellas.


La cultura de una organización excelente se aprecia cuando ante las crisis, los conflictos o los cambios, ésta es capaz de poner en juego, de forma natural, las tres cualidades anteriores, una tarea que solo pueden hacer las personas, nunca los dientes del engranaje de una maquinaria. Todavía algunos no han superado el paradigma mecanicista de la organización que retrataba con mordacidad, hace ya todo un siglo, la película Tiempos Modernos.



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