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Carrie Rich. Los 100 dólares multiplicados

Actualizado: 31 de oct de 2018


Al terminar la conferencia, Carrie tuvo una breve conversación con el desconocido que le tocó a su lado. Intercambiaron las tarjetas, se despidieron… Y allí quedó todo.


Tiempo después, Carrie cumplió 26 años. Con este motivo, su “jefe-mentor”, Knox Singleton, le entregó 100 dólares como regalo de cumpleaños para gastarlos en un almuerzo con sus compañeros de trabajo. Sin embargo, ella pensó: "¿Por qué no tratar de convertir esos 100 dólares en 1.000 para cada una de las seis organizaciones con las que me había ofrecido como voluntaria en el pasado?”


De inmediato, se puso en contacto con los responsables de cada una de esas ONGs y les hizo una pregunta: ¿Qué serían capaces de hacer si recibieran un donativo de 1.000 dólares? Unos dijeron que podrían mejorar las tasas de alfabetización en un aula de Washington DC. Otros conseguirían que 25 mujeres se graduaran en educación secundaria en Tanzania. Y otros se comprometieron a socorrer a diez familias haitianas a través de un novedoso sistema de agricultura comunitaria.


Con estos y otros tres proyectos más, Carrie se puso manos a la obra y escribió a todas aquellas personas que conocía. Primero a sus familiares, amigos y compañeros de trabajo, luego a todos sus contactos. Si bien muchos nombres le eran familiares, otros apenas los recordaba. En cualquier caso, todos recibieron un correo electrónico personalizado con la petición de realizar una pequeña donación para The Global Good Fund; el primer nombre que se le ocurrió para titular su recién estrenada iniciativa. Poco a poco el dinero fue llegando. La mayoría de las aportaciones estaban entre los 20 y los 50 dólares. En quince días se alcanzaron los 6.000 dólares. Carrie estaba entusiasmada con el resultado y muy agradecida.


El objetivo se había cumplido, pero la historia no terminó aquí, porque aquel desconocido que un año antes había saludado a Carrie en una conferencia respondió a su correo electrónico, y lo hizo en estos términos: “Me gustaría permanecer en el anonimato y querría donar un millón de dólares a The Global Good Fund. ¿A qué dirección debo enviar el cheque?”. Carrie se quedó desconcertada. Pensó que se trataba de una broma de mal gusto. Así que, con el fin de comprobarlo, decidió responder a su correo invitándole a quedar un día, a una hora, en un lugar concreto. Por supuesto, un lugar público, con cámaras de vigilancia y sin más tiempo que diez escasos minutos.


El día llegó y nuestro enigmático personaje hizo lo que prometió; se presentó en el sitio acordado y entregó a Carrie un cheque por valor de un millón de dólares a nombre de The Global Good Fund. A continuación, preguntó: “¿En qué vas a emplear el dinero?”; la misma pregunta que Carrie utilizó para interrogar a cada una de las seis ONGs. Ella recuerda así aquel momento: “Ni siquiera lo había pensado porqué, sinceramente, no creía que él viniera. Pero le dije que identificaría a jóvenes líderes de alto potencial a lo largo del mundo, los ayudaría con el capital necesario y con ejecutivos experimentados capaces de desarrollar su liderazgo, lo que, a su vez, haría crecer sus proyectos y crearía un impacto social positivo".


El millón de dólares estaba en sus manos, pero aún hay más. Cuando Carrie compartió con su jefe esta noticia, él decidió igualar esa misma cantidad. The Global Good Fund, una organización todavía inexistente, contaba ya con ¡dos millones de dólares! Increíble, ¿verdad? Pero así fue. "Todavía me pellizco", dice Carrie. "Un desconocido renovó mi fe en lo que los extraños pueden hacer el uno por el otro".


Esta es una historia real que nos invita a creer en la gente. Que en el mundo hay gente buena, que son la inmensa mayoría y que además les encanta ayudar. Que no podemos caer en la “parálisis del análisis”. Que se hace camino al andar. Que nada empieza sin un primer paso, para luego dar otro, y otro más. Y que el compromiso no es solo con la tarea sino con el resultado.


Dice Carrie: “Sentí una inmensa sensación de gratitud y responsabilidad por haber recaudado esa cantidad de dinero. Así que empecé a poner un pie delante del otro con mucha ayuda en el camino, y ese viaje evolucionó a The Global Good Fund como existe hoy”. Una actitud de servicio que empezó a fraguarse cuando Carrie tenía 14 años, porque desde esa edad, —después de un viaje a Jamacia para ayudar a otros adolescentes que carecían de medios y conocimientos para salir adelante— decidió “hacer algo para que el mundo fuera un lugar mejor”. Y precisamente, de eso se trata, de tomar conciencia del enorme poder e influencia que tenemos —¡mucho, mucho más del que creemos!— del bien tan grande que podemos ofrecer y, de una vez por todas, ¡ACTUAR!

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